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domingo 31 mayo 2026

CLAUDIA, LA VERDADERA TRAIDORA

Editorial
Autor: Enrique Sánchez

Desde los años en que Andrés Manuel López Obrador ocupaba el poder, la relación con Donald Trump nunca fue lo que aparentaba. Mientras en el escenario mediático se lanzaban descalificaciones, en la práctica se construía una relación funcional, útil para ambos proyectos políticos. No era diplomacia: era cálculo.

Hoy, con Claudia Sheinbaum al frente, esa lógica no solo continúa, sino que se vuelve más evidente y, sobre todo, más preocupante. La narrativa de confrontación se mantiene como espectáculo, pero en los hechos hay una coincidencia estratégica: ambos necesitan un enemigo útil, no un conflicto real. La tensión se administra, no se resuelve.

El problema es de fondo. Mientras el trumpismo utiliza a México como herramienta electoral, el oficialismo mexicano parece dispuesto a tolerarlo con tal de mantener su propia estabilidad política. Se habla de soberanía, pero se actúa con complacencia. Se presume independencia, pero se negocia en función de intereses de grupo, no de país.

Más grave aún: temas críticos como el narcotráfico, la violencia o la relación bilateral quedan subordinados a esa lógica de conveniencia. No hay estrategia de Estado, hay estrategia electoral. Y en ese intercambio de simulaciones, quien pierde es México, convertido en pieza de discurso, no en prioridad de gobierno.

La historia es clara: los gobiernos que apuestan por la propaganda y la conveniencia terminan atrapados por sus propias contradicciones. Ni Donald Trump ni Claudia Sheinbaum están construyendo soluciones; están administrando percepciones. Y cuando la realidad se imponga —como siempre ocurre—, el costo político será inevitable, pero el daño al país ya estará hecho.