Mientras miles de madres mexicanas viven este 10 de mayo con la ausencia, la incertidumbre y el dolor de no saber dónde están sus hijos desaparecidos, la presidenta Claudia Sheinbaum decidió ocupar reflectores anunciando el eventual regreso del grupo surcoreano BTS a México en 2027. Dos realidades completamente opuestas que exhiben las prioridades políticas del actual gobierno.
La madre buscadora Ceci Flores resumió el sentimiento de miles de familias en un mensaje devastador: “No hay nada que festejar. Nos han dejado con los brazos vacíos”. Sus palabras no son discurso político; son el retrato brutal de un país convertido en una gigantesca fosa clandestina, donde el Estado ha sido incapaz de garantizar justicia, seguridad y verdad para quienes buscan a sus desaparecidos.
Sin embargo, mientras las madres buscadoras siguen reclamando reuniones directas, apoyo institucional y resultados reales, la presidenta continúa evitando el contacto personal con ellas. En contraste, sí encontró tiempo y entusiasmo para grabar videos, promover la visita de un grupo musical internacional y capitalizar políticamente el impacto mediático que BTS genera entre millones de jóvenes mexicanos.
La contradicción resulta demoledora. El gobierno federal insiste en pedir que no se “politice” el tema de las desapariciones, pero al mismo tiempo utiliza cualquier evento de entretenimiento o espectáculo para construir narrativa positiva y distraer de la tragedia nacional. La frivolidad institucional no elimina el dolor de las familias ni reduce las cifras de desaparecidos; únicamente profundiza la percepción de un gobierno desconectado de la realidad.
Este 10 de mayo habrá conciertos, campañas en redes y mensajes oficiales llenos de optimismo. Pero para miles de madres mexicanas no existe celebración posible. Ellas no esperan anuncios de artistas internacionales ni videos virales: esperan encontrar a sus hijos. Y frente a esa exigencia humana elemental, el Estado mexicano sigue quedando a deber.




