La propuesta de reforma electoral presentada por la dirigencia estatal del Partido Acción Nacional en San Luis Potosí llega tarde y con un problema de fondo: la falta de credibilidad de un partido que durante años ha permanecido prácticamente inmóvil frente al avance político del gobernador Ricardo Gallardo Cardona y frente a las decisiones del gobierno federal encabezado por Claudia Sheinbaum Pardo y el movimiento de Morena.
El PAN intenta ahora colocarse como impulsor de cambios democráticos y defensor de la legalidad, pero la realidad política de San Luis Potosí cuenta otra historia. Durante gran parte del actual sexenio estatal, la oposición panista ha sido tibia, silenciosa y en muchos momentos complaciente. Han faltado posicionamientos firmes ante temas delicados como el crecimiento del poder político del Ejecutivo estatal, el manejo de los recursos públicos, la estrategia de seguridad y las constantes campañas adelantadas disfrazadas de promoción gubernamental.
Mientras Morena y el gallardismo consolidaban estructuras, el PAN parecía atrapado en disputas internas, cálculos electorales y negociaciones en lo oscurito. La ciudadanía difícilmente puede tomar en serio un discurso opositor cuando durante años no existió una verdadera resistencia política ni una fiscalización contundente desde el Congreso local. La oposición no se ejerce solamente en temporadas electorales ni con conferencias de prensa; se construye todos los días, señalando abusos, exigiendo transparencia y defendiendo instituciones.
Resulta positivo que hoy hablen de fortalecer reglas democráticas, exigir antecedentes penales a candidatos y ordenar la vida parlamentaria. Sin embargo, el verdadero reto del PAN no está únicamente en reformar leyes, sino en recuperar dignidad política y asumir el papel que millones de ciudadanos esperan de un partido opositor. Porque hasta ahora, en San Luis Potosí, el panismo ha lucido más como un espectador prudente que como un verdadero contrapeso del poder.
La democracia necesita oposición seria, crítica y valiente. No partidos que despiertan únicamente cuando se acercan las elecciones. Ojalá el PAN despierte finalmente de su modorra política y entienda que su responsabilidad histórica no es administrar silencios, sino defender a los ciudadanos frente a cualquier exceso del poder, venga del gallardismo o venga de Morena.




